Crítica del libro "Biblioteca pública, mientras llega el futuro"

 

CRÍTICA DE LIBROS / BOOK REVIEWS

 

Biblioteca pública, mientras llega el futuro

Fernando Juárez-Urquijo

Barcelona. Editorial UOC, 2015. (El Profesional de la Información: 31). 159 pp. ISBN: 978-84-9064-666-3

 

El libro que aquí reseñamos hace desde el título una defensa del activismo en gestión bibliotecaria; propone pensar y actuar en el ahora mismo aunque estemos viviendo un cambio acelerado o tengamos en perspectiva un futuro lleno de promesas e incertidumbres, que nos puedan llevar a la parálisis o a mantenernos en rutinas que ya no son prioridades. Yo estoy muy de acuerdo con el punto de vista del autor sobre cómo trabajar en las bibliotecas públicas, que implica no inhibirse o estancarse en el presente con la excusa o la expectativa del futuro, que en todo caso tenemos que hacer nosotros, o no será. Leerlo me ha recordado la revista de filosofía política Mientras tanto, nacida a fines de los años setenta y que también tenía una voluntad social, transformadora y emancipatoria (y que aún se publica, porque en realidad nuestro tiempo de actuar siempre es ese tiempo supuestamente intermedio, no el que pueda venir).

La colección en que la Editorial UOC publica la obra es El profesional de la información, que está editando monografías breves sobre muy diversos temas de interés para las instituciones documentales y sus responsables, escritas con un enfoque muy actual, y un estilo directo y divulgativo.

El autor, Fernando Juárez, lleva unos diez años planteando en los foros profesionales propuestas innovadoras para las bibliotecas públicas, basadas en la experimentación que realiza en la suya, la biblioteca del municipio vasco de Muskiz. En este libro lo hace con su lenguaje desenfadado, en el que habla de tú a tú a los lectores invitándoles a ser atrevidos en diversos ámbitos, relacionados sobre todo con las tecnologías, pero también con la filosofía de la organización bibliotecaria. Así, nos propone y nos da pautas para, entre otras muchas sugerencias:

  • Incorporar las tecnologías móviles en nuestros servicios de la misma forma que hacemos en el ámbito privado;

  • Aprovechar las redes sociales para integrar la cooperación de los usuarios en el desarrollo de colecciones digitales de contenidos locales;

  • Apostar por el e-book;

  • Enfocar nuestra actividad desde la flexibilidad y la priorización de los deseos de los lectores, potenciando la conversación y las recomendaciones compartidas;

  • Enriquecer el servicio desde la imaginación, la cercanía y la participación convirtiendo el producto en servicio y experiencia;

  • Hacer de la necesidad virtud como profesionales y capitalizar nuestro valor como factor humano.

Más allá de la impotencia que puede habernos hecho sentir la crisis económica o la desorientación por los cambios acelerados, nos propone jugar, aplicar recetas que funcionan en la vida cotidiana, adoptar el do it yourself, y aprovechar las tecnologías para la creatividad bibliotecaria y la resiliencia. Es un mensaje que vale en todos los ámbitos bibliotecarios, pero que especialmente anima y puede iluminar a quienes trabajan en municipios pequeños y medianos. En éstos, los bibliotecarios han quedado bastante desprotegidos por la reducción de presupuestos de las redes públicas de apoyo o los sistemas regionales, pero la autonomía de funcionamiento suele ser grande y ello facilita la iniciativa propia y las muchas colaboraciones, más o menos informales, que se logra tener con usuarios, asociaciones y otros profesionales.

Lo bien que se asume la necesidad de renovar, de innovar o de experimentar en la gestión bibliotecaria tiene que ver con el cambio acontecido en el mundo de la información en los últimos treinta años. En ellos el sentido de las instituciones documentales y sus profesionales se ha transformado por fenómenos como la multiplicación de las fuentes disponibles, la digitalización masiva, la aparente desintermediación, la penetración de las grandes empresas de las telecomunicaciones en el consumo privado de los contenidos digitales, o la conexión permanente de una ciudadanía que también es generadora y distribuidora de información. Son cambios que cuestionan radicalmente las teorías en que se apoyaba la gestión bibliotecaria. Con ellos la Biblioteconomía y las disciplinas englobadas en las llamadas Ciencias de la Documentación, cuya refundación ya se planteaba en 1998 en el Bulletin des Bibliotèques de France, han visto envejecer a marchas forzadas sus manuales, sus normas y pautas. Hoy es difícil sintetizar nuestro saber en manuales que contengan principios, métodos y generalizaciones aceptadas, que sean pilares de la acción profesional y sinteticen nuestro conocimiento científico. Por eso creemos que el autor prefiere un activismo bibliotecario basado en la intuición y la escucha a tener en cuenta teorías bibliotecarias que puedan tener un carácter poco aplicable, frustrante o desfasado. Yo lo comparto, pero me gustaría matizar que creo que la Biblioteconomía y la formación universitaria reglada también están en evolución y siguen aportando un espacio para la reflexión muy importante, que siguen siendo un punto de apoyo para el avance y no una rémora. Ahora más que nunca es necesario profundizar en el estudio académico y científico de cómo contribuimos a que la ciudadanía se apropie de información de calidad para su cultura, su economía, su educación y su vida. Y hacerlo en un contexto donde persisten las desigualdades en el acceso a un saber que no alcanza a todos y que está en transformación pues se genera, crece y se multiplica de modo colaborativo.

Defendamos nuestro futuro actuando en el presente con las buenas ideas que nos propone Fernando Juárez, estudiando y formulando propuestas nuevas desde la creatividad, el atrevimiento, el conocimiento y la experiencia. Sigamos también luchando por recuperar presupuestos para renovar colecciones, tecnologías, mejorar nuestras redes y nuestros dispositivos para los usuarios. Y sigamos reivindicando nuestra labor profesional para que se puedan ir incorporando nuevas generaciones de bibliotecarios que nos sustituyan dentro de no muchos años.

Siempre recordamos que en nuestra sociedad estancarse es retroceder, y por más que los recortes nos amenacen o atenacen, o por más que debiéramos estar recibiendo más ayuda de los sistemas regionales, tenemos en nuestras manos hacer mucho ahora mismo: aunque estemos casi solos en las pequeñas bibliotecas públicas, tenemos el saber hacer acumulado y muchos usuarios a los que escuchar, mantener e implicar. Leyendo Biblioteca pública, mientras llega el futuro nos sentiremos respaldados para seguir haciéndolo con más ahínco e ilusión si cabe.

 

Por José-Antonio Gómez-Hernández
Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Murcia, España
Email: jgomez@um.es

 

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